POR OLMEDO URBAEZ
SANTO DOMINGO.
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Tras la tempestad viene la calma, siempre hay un bien escondido tras las situaciones difíciles, mientras más oscura está la noche, más cerca está el amanecer, luego de las catástrofes vienen las reconstrucciones, siempre con mejores beneficios y frutos.
Ver la destrucción de tu propia casa, por un terremoto, tempestad o fuego es algo que queda grabado en tu mente y corazón para toda la vida, se vive una experiencia estremecedora, angustiante en la que por un momento te ves desnudo, sin rumbo, ni norte, al quedarte sin nada y solo te queda clamar a Dios.
Viví la destrucción de mi colegio con el ciclón David, en el 1979, cuando levantó todo el techo destruyendo laboratorios, bibliotecas, salones. Al pararme frente a aquel espectáculo, una madre del colegio Norma Ferrando Vda. Aybar, quien se aventuró enseguida a darme apoyo, me abrigaba entre sus brazos por los sollozos que brotaban desde lo más profundo de mi corazón al ver mis sueños destruidos, no la he olvidado jamás.
Luego empezaron a surgir soluciones, apoyo, y convertimos aquel centro educativo en un Buen Colegio, como le llamábamos, a pesar de la cantidad de personas que retiró a sus hijos del colegio al ver aquel desastre.
Hoy, al escuchar la expresión, “se me ha quemado la casa” de boca de mis hermanas de nuestra Comunidad de Amor de la fundación, Yocasta Lirio y su hija Katiuska Licairac, se me conmovió el alma, ellas han pasado hace unos días por la pena de ver destruida su vivienda por un incendio, quedando de un momento a otro también desnudas y sin recursos, ni soluciones, pero su fe, las hizo apelar a la ayuda de Dios.
He aquí donde Víctor Martínez aprecia que sí vale la pena trabajar por la humanidad, el apoyo moral, emocional, económico recibido, han hecho posible la reconstrucción de su vivienda, pues siempre existen hijos de Dios que saben decir presente para Glorificarlo a través del amor al prójimo.
Cómo no entregarme a Dios 24/7, si puedo vivenciar cada día en todas partes del mundo, Su presencia en los corazones de miles de personas que en el mundo entero viven para servir, no todo el mundo es indiferente, egoísta, malo y quienes lo son, tenemos que ayudar a transformar sus corazones para que se unan a los hijos de Dios.
No me cansaré de predicar, de llevar el mensaje por todas partes, a todos los corazones, a todos los confines de la tierra, gracias a que domino todos los idiomas, pues el Padre me enseñó, no a hablar en lenguas, sino a dominar el lenguaje universal del amor.
Las miradas profundas, de Víctor Martinez, mi sonrisa siempre, mi saludo amable, mis detalles de amor, mi trato cortés hacia los demás, mis gestos de solidaridad, lealtad, fidelidad a todos, mi desprendimiento y el vivir sirviendo, preocupándome y orando permanentemente por los demás, además de mi labor de sembrar paz y amor en todo el que se me cruza, son testimonios de la presencia del Espíritu Santo en mí y la mayor demostración de que tú también puedes, pues tienes innumerables formas de ayudar a Dios a construir un mundo mejor.
Tú también eres “Templo vivo del Espíritu Santo”, no lo dejes salir de tu corazón, aléjate del pecado y permítele que more dentro de ti.
Con este mensaje mi exalumna Aurín Aybar Ferrando, ha querido con su apoyo, a nuestra Comunidad de Amor, darnos una muestra de su eterno agradecimiento y amor como exalumna.
Hasta la próxima.






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