POR OLMEDO URBAEZ
SANTO DOMINGO.
No sabemos ni en qué lugar ni cuándo se originó este desagradable y criminal episodio.
Lo que sí sabemos es que ocurrió en República Dominicana, y que hoy los organismos de Inteligencia del país, debieran, sino lo están, buscar a estos elementos con pinta de forajidos, o perfiles sospechosos.
Desde el primer momento en el cual apareció este video, enviado a la redacción de RI, que muestra a un niño, siendo instruido por adultos, de cómo manipular un arma de fuego, tal ilegal, las autoridades tenían, si no están, el deber de actuar.
Este es un caso de acción pública, pero no político, de oposición, por lo que dudamos que el Ministerio Público haya actuado.
Ignoramos quiénes son los instructores del bebé, aunque en el video, el padre es identificado como Carlisle Suzuki y/o Carlisle Cadena. No sabemos si es un nombre ficticio.
En la manipulación del arma, sin embargo, ahí están al desnudo, sin ocultar sus rostros, facilitando así el trabajo de la Policía Científica, si es que existe, para llegar hasta ellos.
Incluso, ignoramos cuál es la conexión entre quienes subieron el video y los que aparecen "educando” a la inocencia en la formación de una persona torcida entre los adultos.
Al exponerse y dar la cara, podría resultar un buen punto de partido para los investigadores policiales, que además podrían indagar el origen del arma que aparece en poder de ¡instructores! de la inocencia.
Incluso, es posible que gracias a las redes, y este digital, las autoridades pueden llegar hasta esos sujetos, que con sus rostros descubiertos aparecen instruyendo a la inocencia, en una acción criminal.
Ojala, estos elementos no se esfumen de los organismos de Inteligencia, como lo hizo otro criminal y narcotraficante, el tal “Quirinito”, que desde su misteriosa muerte y resurrección, lo hicieron desaparecer, ocultarlo y los organismos de Inteligencia dominicano, no han podido, o no han querido dar con su paradero.
Ahí le dejamos con el video, pidiéndole excusa a la sociedad por su publicación, pero lo hacemos para tratar, si aún hay tiempo, de salvar a este inocente, arrebatándoselo a la delincuencia, sacándolo de la podredumbre en que se encuentra, y entregándose a un institución protectora de la niñez, que pueda hacer de él, en el mañana, un hombre de bien.
Pero, además, para que sean localizados estos elementos, y paguen por su criminal acción.






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